El objeto a-salta lo social.

El objeto (a)salta lo social (*)

Enrique Acuña

¿Por qué, en el nivel del círculo de lo real escribí la palabra vida?
Ocurre que de la vida, excepto ese término vago que consiste en enunciar
el gozar de la vida, indiscutiblemente no sabemos nada.

Jacques Lacan ( 1974)

Usamos esa figura -(a)salta- para aquello que el psicoanálisis nos enseña cuando en la palabra de alguien queda un resto que “salta” como efecto de la angustia en la experiencia; o bien “asalta” en términos de sorpresa en el hecho social, cuando la época se impone al sujeto.(**)

Hay en la experiencia analítica una pérdida positiva, un silencio en el intervalo que hay del dicho al hecho… en ese espacio queda un decir que retorna. También hay en los hechos sociales algo que cae al diván como dicho analítico.
Ese salto toca una enunciación y adquiere la forma lógica del objeto(a), una vacuola que rodea lo contingente. Es también una forma de captura para el decir que queda olvidado tras lo dicho, como un lapsus que retorna en la comunidad de los síntomas sociales o en la soledad del síntoma analítico.

A ese “poder decir” del objeto apela un psicoanálisis.

Entonces, trataremos de localizar ese pasaje del objeto metonímico (Masotta, 1978), que toca lo inapropiable saltando entre dos campos:

1-la subjetividad contemporánea producida por los discursos sociales.
2-el sujeto productor de un objeto irreductible por el discurso analítico.

La angustia como efecto: del cielo a la tierra

León Trotsky se refería a las luchas obreras como masas similares a los astros de la revolución copernicana que asaltan al cielo y dominan lo social. Con su célebre consigna “tomar el cielo por asalto”, con que se refería a la revuelta conocida como la “Comuna de París” del siglo XIX, Trotsky se acerca a la idea de un “ascenso a los extremos”(Clausewitz) cuando se trata de la guerra o sucede cierta subversión de lo instituido.

Por otro lado leemos en Radiofonía (Lacan, 1970): “Bastaría el ascenso al cenit social del objeto llamado por mí (a) minúscula por el efecto de angustia que provoca el vaciamiento a partir del cual nuestro discurso lo produce, al fallar su producción.” Lacan recurre aquí a una alegoría de otro “ascenso al cielo”, ahora referido al lenguaje con una palabra que es no-toda posible de ser dicha: (a).

En un análisis hay hechos sociales que son subjetivados por el relato del analizante. Al final de la cura hay un “decir” captado por el sujeto del inconsciente que muestra esa subversión que ejerce el objeto (a). Se trata de un producto diferente a la mercancía que circula en el mercado y domina al consumidor.

Entonces, el objeto (a) está armado con las redes del lenguaje para pescar algo de lo real en danza, pero aún así se escabulle, ya que lo real se define como lo imposible de decir. Es un triple salto, como señala Germán García: conceptual – Aufhebung superadora-, político -los avatares de una carencia- y clínico en la “experiencia del pase” como testimonio de un pasaje.

En el llamado por Lacan “Discurso capitalista” se promueve un ascenso de la producción de objetos técnicos que funcionan como señuelos de una cierta “promesa de felicidad”, pero en esa gula el consumidor luego será consumido hasta su consumación.
Esos objetos técnicos materializados son por ejemplo las lethusas espaciales como los satélites y las ondas de radio que “crean una alethosfera, una atmósfera de verdad” (Lacan, 1969). Hoy, como síntoma social observamos la emergencia de la generación digital de los milenium, usuarios que toman ese nombre por una cierta filiación a Internet. También los consumidores del sentido imaginario de un mercado que empuja al uso de los gadgets o las personas hiper-conectadas en redes sociales.

Lo cierto es que estos objetos señuelos en su consumo masivo no permiten a los seres dicientes franquear ninguna imposibilidad, sino por lo contrario generan la ilusión de “evitar la falla” que causa la angustia. Ese efecto de angustia que provoca “el vaciamiento a partir del cual nuestro discurso lo produce, al fallar su producción.”
Aquí Lacan utiliza la dialéctica entre los modos de producción y “el producto” según su valor de uso-cambio (Karl Marx), siguiendo su frase de “El carácter fetichista de la mercancía y su secreto” en El Capital: “A esto llamo el fetichismo que se adhiere a los productos del trabajo no bien se los produce como mercancías, y que es inseparable de la producción mercantil”

El discurso analítico es opuesto al capitalista que está produciendo objetos (a) como realidad técnica. Se trata mejor de un “vaciamiento” substancial de ese objeto técnico y de usar el lenguaje en tanto goce de la palabra, hasta vaciar su sentido. Podríamos diferenciar entonces una angustia lacaniana cuando se cede el objeto como un producto pleno de sentido y se hace un salto que permite cernir la causa del deseo.

Nos interesa señalar este detalle: que el efecto de angustia no es el “afecto de angustia”, el afecto que no engaña como un flechazo de lo real en el goce del cuerpo. La angustia lacaniana es producida como un efecto del discurso analítico y permite ceder el agalma, ese brillo del encanto que el objeto de amor vela, viste, dignifica; pero para captar su causa.
Se diferencia así de la angustia freudiana como “señal de peligro en el Yo” ante una situación peligrosa que conduce por retro-acción al trauma anterior. La angustia surge ante una “pérdida del objeto de amor o pérdida del cuerpo propio”, según elabora Freud (“Inhibición, síntoma y angustia”, 1924).

En consecuencia, en la angustia lacaniana (Miller, 2007) se verifica una experiencia positiva, por hacerse una vía de acceso al objeto (a). Más que una señal de peligro externo, es una señal de lo real por la proximidad de otro objeto interno-externo: el objeto de la pulsión.

Entonces ese objeto (a) es un producto segundo al acto de atravesar el “efecto de angustia”. Es decir, es una (a)palabra que cada analizante extrae del conjunto de los dichos de su hystoria como singularidad.

En su conferencia de Milán (1972) Lacan dirá que el Discurso capitalista produce en la plusvalía su propio plus-de-goce. Esto eleva al cielo social al objeto técnico, en una dirección opuesta al discurso analítico donde el objeto funciona como aquello que desciende como causa del deseo. Uno eleva al cielo la materia física y el otro baja a la tierra la materialidad del significante, como una lluvia que cae a la tierra de las letras (Lituraterre).

Se produce entonces alguna “marca”, un trazo, y un rasgo posible de escribir, ligado a la captación del goce de lalengua, a la melodía y al sonido de cada análisis.

Esa es la política del psicoanálisis, en tanto el inconsciente es la política. ¿Y por qué habría esta política en lugar de nada? Porque hay acciones en el hecho social, un caldero de subjetividades, que el acto analítico subvierte y requiere su retorno. El objeto se desliza así desde un campo al otro.

Partiendo del binario entre el sujeto del inconsciente y la subjetividad de la época, hay el objeto (a) que salta desde el síntoma social al síntoma analítico y retorna. En el síntoma social el individuo “es siempre un proletario”, trabaja para otro, mientras el objeto (a) se eleva al cenit como objeto técnico sin franquear la angustia que lo produce, sin tocar su propia causa.

SUJETO ——————-SUBJETIVIDAD
síntoma conflicto———-síntoma social
$-INCC.——————–yo-otro
objeto(a)——————objeto técnico
tierra-lalengua————-cielo-virtual

——-(Lo inapropiable)———

——-NO-HAY:Relación sexual,Metalenguaje, Otro del Otro—

image1
Si subrayamos el concepto de lo “in-apropiable”(J.Alemán) que no es lo inadecuado sino que responde a un axioma. El axioma es una fórmula fija y para el sujeto del inconsciente es el axioma de una incompletud: del No-todo.

Responde a lo real como aquello que No-hay en el mundo de las representaciones:para Lacan “no hay proporción sexual”, y en efecto no hay metalenguaje y no hay Otro del Otro. Quiere decir que en lo inapropiable se pone en juego el objeto (a) en su forma más “irreal”, como ficción útil que permite hacer un ensamble de lo “imposible del decir”.

Las neurosis actuales y el síntoma neoliberal.

Se reitera que el síntoma es una brújula y que nos orientamos por lo real. ¿Cómo podemos orientarnos por algo que aparentemente no existe? La brújula del síntoma permite un sentido, como en la ficción de los Vikingos donde los navegantes se aventuran más allá de sus límites fabricando una suerte de reloj solar. Pero sucede que cuando No hay un sol, se desorientan. En ese caso la orientación surge por lo real de la naturaleza, no de una máquina técnica que “numera una cifra”, paradigma de la operación matemático y sus bodas con la economía.

Nos orientamos por lo real, pero lo real “no tiene sentido”, por lo que se necesita el síntoma por la suposición de sentido (sexual) para orientarse en el territorio del inconsciente. Ahí la angustia pasa a ser una experiencia. Esto quiere decir que no es universalizable, es siempre inédita. Un concepto, lo inconsciente, tiene una constante que permite extender sus límites de aplicación, por eso es un concepto fundamental del campo inaugurado por Freud. Sin embargo, hablar de la experiencia de la angustia involucra variables, e implica una (x) de lo in-verificable, para cada caso diferente.

Lacan prefiere plantear la experiencia de la angustia en su Seminario 10 en el contexto existencialista (1962). Ya Sartre había publicado El ser y la nada, que dedica un capítulo al psicoanálisis donde afirma que habría un “psicoanálisis existencial”, donde el “ser” se realiza en su existencia por la falta-deseo. A ese ideal de “existencia” Lacan opone la dimensión de la “experiencia”. Desliza la nada (rien) volátil sartriana al vacío (vide) como una espacio causal localizable: la angustia “no es sin” un objeto delimitable.

Ya Heidegger en “La pregunta por la técnica” des-ocultamiento como método hacia una experiencia de la verdad –Aletheia-; secuestrada por el ocultamiento planetario de la tecno-ciencia. En el imperio de la economía neoliberal esa experiencia de “lo verdadero” es pasible de ser “expropiada”, por el poder comunicacional y mediático en la redes virtuales.

Comentando a Mark Fisher decíamos que el neoliberalismo -forma avanzada del discurso capitalista y variante del Amo moderno-, se apropia de la subjetividad a través del formateo de las conductas sociales.(ejemplo los efectos subjetivos de depresión generalizada). Pero sus dispositivos gerenciales no cometen “errores honestos”, sino que operan con un bloqueo de toda transformación colectiva. M. Thatcher gozaba diciendo “no hay alternativa” al neoliberalismo, pero es de otro No-hay de lo que se trata.

La subjetividad del “empresario de sí mismo” conlleva el imperativo que se puede y se debe gozar. Hay ahí otro secuestro de la experiencia de la palabra verdadera, a favor de la compulsión y el empuje a gozar hasta consumir al sujeto como deseante.

La clínica de la neurosis para Lacan puede atravesar un plano dela experiencia de la angustia para poder localizar su objeto causa. Freud sostenía que las neurosis actuales o neurosis de angustia (neurastenia) eran producidas por descargas energéticas de libido acumulada por la represión, “sin mecanismo de desplazamiento”, es decir de sustitución de representaciones. Sin embargo, son el “grano de arena en la perla neurótica”. La angustia podría constituirse como el comienzo de un síntoma que condense esa representacion reprimida y como sustitución de otra satisfacción.

Las neurosis actuales de nuestra época surgen de cierta subjetividad neoliberal. Se configuran en su presentación clínica por el efecto de cruce ciencia-capitalismo, que rechazan lo imposible de la sexualidad y la muerte.
La demanda inicial no depende de la orientación de la pulsión hacia el deseo, sino de la puesta en acto del fantasma, es decir, hacia el imperativo de cumplir esa satisfacción de goce. Se presentan menos personas con una pregunta acerca del modo de vivir la pulsión por cada uno, y mas por la exigencia social que demanda un goce imposible. Ese mas de gozar rompe las barreras de los fantasmas que se fijan en reglas emanticas de un pasado tradicional.

Surg uin ser nuevo que simula no tener normas. UN cierta ontología de la desvergüenza permite la presentación del lado del Yo con sus estilos de vida listos para ser valorados en un mercado. La identidad imaginaria comanda un “yo soy adicto”, “yo soy homosexual”, “yo soy consumidor” , o bien “soy fundamentalista de…”. Los imperativos de época moldean las conductas. Esa es una construcción social de la subjetividad comandada por el mercado de valores de cambio y no en el gusto y sus usos de goce. Los imperativos epocales influyen en las subjetividades y estas adquieren “identidades” un entifificacion del “yo soy”, que reducen lo simbólico del par significante:”no hay más que una sola y misma cosa, ahí donde se podría pensar que había dos” (Descombes, 2005). Son identidades masificadas por los mensajes de los mass media que podrían diseñar esas conductas. Aunque, finalmente, hay siempre una “brecha ontológica” representada por la fisura del sujeto; que deja ese poco de libertad de cada receptor para decidir el sentido del mensaje que recibe.


Demanda pulsional: ¿hacia el síntoma o el fantasma?

El objeto circula y en su demanda pulsional (que siempre parece estar entre la vida y la muerte) escrita con la fórmula de la pulsión en el “grafo del deseo” lacaniano ($◊D), divide al sujeto. Esa demanda que siempre es inconsciente y va más allá del pedido formal, podría seguir tres vías:

1- ir hacia la angustia con la falta del significante en el Otro: S(Ⱥ).
2-ir hacia el deseo y taponarse en la coagulación del fantasma: ($◊ a)
3-volver hacia el síntoma: s(A)para re-crear la significación.

Ese sujeto divido por la pulsión que quiere realizarse, puede atravesar por la pregunta del ser en falta en relación al deseo: ¿Qué me quiere el Otro?. Esa pregunta, ¿Che vuoi?, genera una buena pregunta. Es la primera respuesta a esa demanda pulsional.

En las neurosis actuales de consumación ya no predomina el síntoma en tanto articulado a una pregunta mensaje: s(A). Estamos en el nivel superior del grafo del deseo y en una retroacción donde la pregunta por el ser encuentra al Otro barrado (Ⱥ), es decir, ninguna respuesta que no sea la angustia. El sujeto se pone en relación a la falta del Otro y toca un signo de lo real que lo divide y pone en juego, por esa pregunta del ser, una respuesta que puede ser de nuevo la solución coagulada en la captura del fantasma ($◊ a).

El único invento, (a) inventar en cada cura

Lacan en su Seminario 10 La angustia (1963) construye el objeto (a), que luego lo llamará “mi único invento”. Localiza primero la función de la angustia como posesión de un objeto en tanto resto de una operación especular. A partir del estadio del espejo, supone que la imagen del otro puede reflejar un objeto que es imaginario -“jubiloso ajetreo” del infans-; pero puede hacer una diferencia en la inversión de la imagen. En Freud es la angustia “señal del Yo”. Para Lacan es el retorno de un elemento no especularizable, una opacidad constituyente. Se trata de la intromisión del elemento pulsional. Si para Freud el Yo era el campo de batalla de la angustia, para Lacan la angustia será el nudo con la pulsión: una señal de lo real donde se localiza un signo del deseo, al final un afecto positivo.

Esta pequeña pieza faltante en lo imaginario como resto especular, queda luego como una función estructural de la angustia, correlativa a una falta de un significante: S(Ⱥ). Así pasamos de la parte inferior del grafo, angustia ligada al i(a), a la falta estructural de un significante en el piso superior.

Esta falta estructural implica un agujero que Lacan más adelante planteará con la topología del ocho interior –cross cup-. Dos caras de una misma vía por donde el insecto camina pensando que está en el reverso, pero no hay tal reverso. Hay una torsión como en la banda de Moebius, donde el interior se hace exterior.

Tal vez la biología permite las metáforas usadas en el Seminario 11: el objeto es extraído del cuerpo, al igual que en “Posición del inconsciente”; metáfora biológica (heces, pecho, mirada, voz) que remite a los bordes de las zonas erógenas y agujeros del cuerpo, en una topología de exterior e interior.

En El objeto del psicoanálisis y en “La ciencia y la verdad”(1966) Lacan vuelve sobre la figura del ocho interior para plantear que existiría un sujeto de la ciencia igual al del psicoanálisis. La paradoja central es que el sujeto está en exclusión interna con su objeto. De modo que ese objeto (a) no es una interioridad en el sentido de la intimidad. Miller en su curso Piezas sueltas define el objeto (a) como un objeto de consistencia lógica. Si el lenguaje parte de la estructura de lo dicho y el decir, el objeto soporta esa posibilidad de división.

Poco después en la “Proposición del 9 de octubre de 1967”, ese objeto de consistencia lógica es el “referente aún latente” del Sujeto supuesto Saber. Es decir, entramos a un análisis por el lado de un significante de la transferencia, uno cualquiera pero dicho por alguien, que llama a otro significante, eso provoca una significación. Ese encadenamiento significante producirá un resto que es el referente. El objeto (a) no es lo real, sino aquello que hace de referente con respecto a lo real, que sigue la modalidad lógica de lo que No-hay.

La extracción del objeto (a) en el final del análisis es aquella posibilidad que lo no sabido, se ordene como saber. Más tarde eso será homologado al atravezamiento del fantasma, que daba cierta estabilidad con respecto a la satisfacción del sujeto con su objeto.

En la Proposición aparece también el objeto (a) con sus formas sociales entre una triple facticidad (Edipo, Sociedades y Ciencia) el objeto (a) es como “lo judío” como lo segregado, excluido por ellas. Vale aclarar que el deseo del analista es ahí lo opuesto a la segregación del campo de concentración. Con la segregación en estos tres vectores obtiene por primera vez un objeto que juega con la paradoja de hacerse agujero y tapón en su función social. Es aquello que luego en “Radiofonía” aparecerá como “ascenso al cenit”.

Finalmente, en “La tercera” (1972), el objeto (a) se ubica en el nudo de los tres redondeles de los registros del lenguaje: imaginario, simbólico y real. Es reunión y saldo del sentido en lo imaginario, la muerte en lo simbólico, la vida en lo real. Ubicas ahí movimientos circulares entre la ciencia, la segregación, el goce fálico, el goce del Otro. Y encontramos una indicación lacaniana: el porvenir del psicoanálisis depende del sentido de lo real, y ese sentido se transforma por la Ciencia.

Hay sin embargo algo inapropiable de este objeto por el discurso capitalista, lo que resiste hacerse cuantitativo por ser “inconmensurable” para el régimen de la evaluación. Eso es para nosotros apropiable, no como un conocimiento ni medida, sino como un imposible lógico. Es la experiencia de un axioma, el “No hay”: no hay relación sexual, no hay Otro del Otro, no hay metalenguaje.

De modo que ese “único invento” lacaniano, el saltimbanqui objeto (a) requiere del deseo y la política del bricoleur -el analista que arma el bricolage– como el rompecabezas con la pieza que falta, el que permite una invención única para cada caso en sus movimientos paradójicos con el otro social.-

(*)- Texto escrito a partir de una intervención realizada en el IV Coloquio de Módulos del Instituto PRAGMA , realizado el Viernes 22 de diciembre de 2018. –
(**)- Extraido del libro Vidas pulsionales. Acuña, Enrique (Comp.)Ed. El Ruiseñor del Plata, Arg.; 2018.-

Bibliografía:

-Masotta, Oscar: “El objeto metonímico”. En Revista Versus Nº1. BFLP, 2000.
-Lacan, Jacques: Psicoanálisis. Radiofonía y Televisión. Anagrama, 1977.
-Lacan, Jacques: El Seminario X. La Angustia. Paidós, 2006.
-Lacan, Jacques:”La Tercera”. En revista Lacaniana Nº18. Ed.Grama, 2015.
-Lacan, Jacques: “Proposición del 9 de octubre”. Ed. Manantial, 1987.
-Marx, Karl.: El capital. Siglo XXI, 2015.
-García, Germán: “La experiencia del pase” en D´escolar. Atuel, 2000.
– García, Leticia:”Causa y agalma” en Las paradojas del objeto en psicoanálisis. EdULP, 2007.
-Miller, J.-Alain: La angustia lacaniana. Paidós, 2007.
-Alemán, Jorge: Horizontes neoliberales en la subjetividad. Grama, 2016.
-Agamben, G.: Infancia e Historia. Adriana Hidalgo, 2011.
-Heidegger, Martín: La pregunta por la técnica. Ficha BFLP.
-Milner, Jean Claude: Claridad de todo. Manantial, 2012.
-Descombes,Vincent: El idioma de la identidad. Ed. Eterna Cadencia, 2015.
-Fischer, Mark: Realismo capitalista ¿No hay alternativa?.Ed. Caja negra, 2017.

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