Lo “trans” como (x) del sentido sexual.

por Fatima Aleman

Lo trans como (x) del sentido sexual.

Reseña 1° Clase de Curso Breve : UNA MUJER. Psicoanálisis con lo femenino.

                                                                         por Fátima Alemán

    El miércoles 10 de marzo tuvo lugar la primera clase del curso breve Una mujer. Psicoanálisis con lo femenino, dictada por Enrique Acuña y con comentarios de Inés García Urcola. Este curso tiene como antecedente el curso dictado por el mismo en el mes de febrero, titulado Se(x)uaciones. Sin embargo, en esta oportunidad la premisa es partir del formato de cinco conferencias para establecer una discontinuidad con el curso anterior, es decir, profundizar en el recorrido sobre la sexualidad femenina y el problema de lo femenino como diferente a la feminidad.

Haciendo un repaso sobre lo trabajado, y recordando la fórmula freudiana “siempre hay problemas más que conclusiones” (Freud, “Conclusiones, ideas, problemas”,  1948), Acuña propone extraer algunas ideas importantes sobre las sexuaciones según los desarrollos de Freud y de Lacan, algunas conclusiones mínimas y ciertos problemas para definir lo femenino como diferente a la feminidad. En principio, los desarrollos sobre la sexualidad femenina en Freud pueden ser leídos a partir de un extravío fundamental situado por la lectura de Lacan y la respuesta que él mismo da al contexto de su época: el del M.L.F. (Movimientos de Liberación Femenina) de 1970. Este contexto se encuentra presente en su Seminario 20, Aún, dictado en 1972, donde las “fórmulas de la sexuación” pueden ser leídas como respuesta al problema de los sexos y del género.

 Enrique Acuña recuerda los desarrollos freudianos del texto de 1932 “Sobre la sexualidad femenina”, donde se retoman las identificaciones sexuales en función del trípode Edipo/falo/castración y se plantea la diferencia entre sexualidad y genitalidad. El falo en tanto representante de una ausencia, o en tanto significante que falta en el lenguaje,  permite el pasaje del complejo de Edipo (como matriz identificatoria) al complejo de castración donde se sitúa la falta de objeto.

En el caso de Lacan, encontramos una teorización sobre la sexualidad femenina y lo femenino en la serie de tres seminarios: el XVIII  “De un discurso que no fuera del semblante”, el XIX  “… o peor” y el XX, “Aún”. Lacan, introduce igual que Freud una problemática clínica, una “huella clínica” en tanto teoría del goce basada en una clínica de la locura (diferente a la clínica de la psicosis) cuyo modelo es el “amor loco” (l’amour fou) descripto en los poemas de Louis Aragón, es amor cuya marca es lo ilimitado, lo no medible.

De esta manera, se ve que el punto de partida de Freud es otro que el de Lacan: a partir de cuestionar la premisa que la anatomía sea el destino, se pone en evidencia la función central en la sexualidad de las identificaciones devenidas a partir del par fálico/castrado y un resto tercero que Lacan situa como objeto (a). Además, la huella clínica freudiana es la histeria y el valor que adquiere en el caso Dora la “otra mujer” en tanto brújula que orienta el deseo: “¿qué quiere una mujer?”.

En el caso de Lacan, la clínica de la locura se presenta al comienzo de su enseñanza partir de dos ejemplos:

1) Schreber y el empuje a la mujer;

 2) Los místicos, goce Otro en Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz.

3)  La topología y su teoría de los nudos.

En los años 70, esa huella clínica se vale de la teoría de los goces en el marco de los desarrollos del nudo borromeo  y el factor suplementario a los tres registros.(R.S.I.)

Por ello un debate actual y necesario para el psicoanálisis es situar en los fenómenos sociales el valor que adquieren los movimientos sociales vindicatorios como el de las minorías sexuales o el feminismo. Este contexto, aclara Acuña, no estaba presente en los desarrollos freudianos sobre la sexualidad femenina, sobre la diferencia sexual en el plano de las identificaciones mujer/hombre a partir el trípode Edipo-falo-castración y finalmente sobre el valor otorgado en el fin de análisis con el encuentro para cada sexo con la roca viva de la castración (angustia y protesta viril masculina / envidia y procuración femenina).

 Por ello, las salidas de la feminidad propuestas por Freud -1) la suspensión de la sexualidad como neurosis, 2) la identificación masculina que puede devenir en homosexualidad, y 3) la maternidad como salida normal- son puestas en cuestión por el feminismo posterior a Freud en tanto símbolos de patriarcado o de misoginia. Sin embargo, es posible rescatar el valor de equivalencia simbólica que Freud le otorga a las salidas de la feminidad como respuestas sintomáticas (inventos) frente a lo real al atravezar,  al final de analisis,  la roca viva de la castración.

Si el punto de partida de Lacan en los Seminarios XVIII, XIX, y XX;  es la clínica de la locura y de la psicosis, es posible hacer una lectura actual de los movimientos de las minorías sexuales, como el LGTBTQ (+)…, donde el “más” es un signo de la multiplicación de las identidades sexuales y de la epidemia de las clases. Otro punto de partida de Lacan en los años 70 es una discusión dentro del estructuralismo, más precisamente Michel Foucault en su Historia de la sexualidad. En ese desarrollo Foucault plantea la idea de “dispositivos de control social” sobre la sexualidad, como lo son el matrimonio o la familia. Dichos dispositivos tienden a normativizar la pregunta acerca del deseo humano (qué quiere una mujer o qué quiere un hombre).

 Los movimientos sociales actuales introducen a partir de la discusión estructuralista de los años 70 y luego con la herencia foucaultiana presente en Judith Butler y su libro Cuerpos que importan, ahi la enseñanza de Lacan está presente en su teoría queer donde “lo performativo y la intencionalidad”, como hechos del lenguaje definen el “género”;  ya no solo como constructo social sino como disolución del binarismo sexo/genero;  y femenino/masculino. Lo queer es el modo de nombrar la (x) irreductible de la sexuación que aún no está nombrada. ¿En qué se acerca lo Queer a Lacan? En el hecho de suponer que falta un significante que nombre absolutamente el género.

En Lacan, siguiendo a Freud, el esencialismo biológico de los sexos macho/hembra será parodiado en el Seminario XX como “norma macho y excepción femenina”, a partir del uso de los cuantificadores lógicos del género masculino y femenino. Al biologismo esencialista del sexo, Lacan opone la sexuación en tanto significación de los cuerpos, es decir, qué uso se le da al cuerpo pero no como intención yoica -critica al modo de Butler- (*);  sino como intencionalidad inconsciente; subraya Lacan. Tal como fue trabajado por Leticia García en el curso anterior, señala la importancia del entrecruzamiento de las dos fórmulas de la sexuación a partir de un significante que falta [S (Ⱥ)], el cual genera el objeto a, un objeto que es semblante de lo real.

Por otra parte, la teoría del semblante en Lacan (Seminario XVIII) implica salir de los atolladeros del ser para poner en su lugar el “parecer”. De esta manera, el hacer semblante o ensamblar implica para Lacan hacer el conjunto de aquello que está desunido logicamente, no se trata de una apariencia: como no se sabe qué es una mujer o un hombre, en su lugar está el conjunto como semblante que nombra una mujer o un hombre a partir del vacío central del objeto (a).

 Entonces, afirma Acuña, el binario del género se disuelve completamente para Lacan y en tal sentido esto se acerca a la propuesta de Butler con lo queer como lo indeterminado del sexo. Sin embargo, como dice Miller en su Curso Piezas sueltas, en el cap. 19 “La relación corporal”, Butler sigue a Lacan cuando dice “La mujer como universal no existe” y “es una por una”, pero multiplica las identificaciones en un infinito de las clasificaciones o al goce Otro.

   Si el binarismo de los géneros se disuelve porque existe el objeto(a) lacaniano o lo queer de Butler, resulta interesante pensar qué valor puede tener el prefijo “trans” en el cruce de los dos vectores masculino/femenino, “ya que no es un tercer sexo sino la indeterminación que hace que cada vez alguien deba tomar una posición sexuada según quién sea el Otro del amor, del deseo o del goce”, subraya Enrique Acuña.

En el Seminario 18 Lacan aborda el problema de cómo definir al hombre y a la mujer en términos de lenguaje, es decir, como un “devenir” que se hace cada vez un Uno. Para los constructivistas, la posición sexual se desprende de la practica sexual que adopte cada cual, es decir, es un significado, de modo que el genero se impone al sexo. Pero Butler va más allá del constructivismo, y tomando el Seminario 20 de Lacan postula la primacía de las prácticas de goce. Sin embargo, como dice Laurent, dichas prácticas consolidan significado. Las comunidades de goce al modo de iglesias que no están lejos de reforzar lo heteronormativo. Para Miller no hay más identidad de género sino identificaciones parciales, piezas sueltas, fragmentos… es decir, cada vez hay que inventarse un significante en el lugar de la ausencia de género.

Acuña recuerda que Simone de Beauvoir hablaba de los dos sexos y en contraposición Butler postula el tercer sexo. Entonces: ¿ese tercer sexo es el nombre de lo que se conoce como “no-binario”? Lacan nombra este tercer lugar como “hors-sex”, es decir, fuera de sexo. ¿Todos Trans?.¿Qué pasa con aquellos que no tienen una práctica sexual definida?. Los casos que sirven como ejemplo podrían ser los místicos, los locos o aquellos que se ubican en lo “trans” como sin definición de práctica sexual. Por ello, lo “trans” va más allá de la marca del cambio de sexo, es decir, lo que se conoce como transexualismo y que ahora ha quedado absorbido por el discurso jurídico.

En tal sentido Acuña propone el comentario de un artículo colectivo, un segundo informe del Observatorio de género y biopolítica de la Escuela Una, titulado “Transexualismo y travestismo desde la perspectiva del psicoanálisis” publicado en el año 2016 en la revista Virtualia n°32 (1). Este texto, comentado en detalle por Inés García Urcola, viene bien para repasar el recorrido de Freud y de Lacan con respecto al tema del género y qué valor tiene para el psicoanálisis la categoría de transexualismo, situada en 1950 por el médico Harry Benjamin, así como también ver qué posición clínica toman los psicoanalistas sobre la categoría del DSM de “disforia de género”, categoría psiquiátrica que saltea la clínica diferencial neurosis-psicosis y pone en primer plano el empuje al cambio de sexo, vía la cirugía, el tratamiento hormonal o simplemente el cambio de género.

 Hoy asistimos a un lobby jurídico por legalizar esa tal “disforia de género” como una epidemia clasificatoria que autorice al cambio de sexo, incluso en edad temprana como en los niños que no podrian dar su “consentimiento previo e informado”, figura legal, aunque no siempre legitima. Desde el psicoanálisis lacaniano, la disforia de genero solo puede ser pensada como sexuación, en el sentido de una toma de posición sexuada que puede hacer el neurótico frente a la presencia del Otro -su deseo inconsciente-  y el consentimiento a una causa como  modo de goce que parte de una causa no biológica, agrega Acuña. 

Lo trans o el  hor-sex para Lacan, entonces, es un fuera-de-sentido;  un real como el intervalo que pone en duda la identidad (¿quién soy? o ¿cuál es mi objeto de elección amorosa?). Implica a cada sujeto en busqueda del sentido sexual de los sintomas (Freud); y es introducción de un intervalo temporal -el tiempo de comprender– necesario para consentir a una causa, la causa del deseo, explica.

 Lo trans para el psicoanálisis no es entonces “trans-género” sino el “tiempo de espera en un analisis para acceder al saber, aun a un fragmento sobre el goce como imposible de decir. Sin embargo, como lo muestra el artículo citado, el transexualismo desde el psicoanálisis lacaniano puede ser tomado como producto de la psicosis, a partir del impacto que produjo la publicación del libro de Catherine Millot, Exsexo. Ensayo sobre el transexualismo, en los 80. Este libro, intruce un neologismo “Exsexo” por German García, para retomar el transexualismo a partir de la enseñanza de Lacan  de la crítica que Lacan efectúa al libro de Robert Stoller Sexo y género, publicado en 1968. Allí Lacan elogia la casuística presentada por el autor, sobre todo por la fenomenología clínica y por la re-significación identificatoria a una “genealogía familiar”, pero critica fuertemente la construcción teórica que sirve como soporte explicativo de los casos, por no contar con el concepto de “forclusión lacaniana” y eludir la cara psicótica de los casos.

   De allí, que para muchos psicoanalistas lacanianos funcione fuertemente la hipótesis de una relación estrecha entre el transexualismo y la psicosis. El artículo comentado por García Urcola se pone el foco justamente en dicha hipótesis lacaniana, avalada con una casuística actual de 14 casos de cambio de reasignación de sexo que recibieron tratamiento psicoanalítico, donde el diagnostico oscila entre psicosis ordinaria y extraordinaria. Sin embargo, la propuesta de J.-A. Miller sobre la “feminización el mundo” sirve también como contrapunto interesante, para medir la incidencia del discurso de la ciencia y del discurso del género en las presentaciones actuales, y verificar el estallido de las identificaciones sexuadas, es decir, lo trans como prefijo que indica el síntoma social de una época y luego su pregunta justa en cada análisis.-

Notas:

(*)-Acerca de la crítica al concepto de intencionalidad se cita a Judith Butler: “Empleo el término “intencional” en un sentido específicamente fenomenológico. La “intencionalidad”,  en el marco de la fenomenología, no significa un acto voluntario o deliberado, sino que es un modo de indicar que la conciencia (o el lenguaje) tiene un objeto, más específicamente, que se dirige a un objeto que puede existir o no. En este sentido, un acto de la conciencia puede tender a (postular, constituir, aprehender) un objeto imaginario. El género, en su concepción ideal, podría construirse como un objeto intencional, un ideal constituido, pero que no existe. En este sentido, el género sería como “lo femenino”, entendido como una imposibilidad, tal como lo presenta Drucilla Cornell “.(pag 321, Cuerpos que importan).

Bibliografía:

-Lacan, J.: Seminarios XVII, XIX; y XX. Ed Paidós.

-Miller, J.-A.: Curso,  Piezas sueltas. Ed. Paidós, 2014

-Millot, C.: Exsexo.Ensayos sobre transexualismo. Ed. Catálogos, 1987.

-Butler, J.: Cuerpos que importan. Sobre los limites materiales y discursivos del sexo. Ed.Paidós.2002.

Disponible en: http://www.psi.uba.ar/academica/carrerasdegrado/psicologia/sitios_catedras/practicas_profesionales/824_rol_psico_rha/material/descargas/unidad_2/butler.pdf

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