místicas, feministas, transactivistas…

Reseña 3° conferencia del curso Una mujer. El psicoanálisis con Lo femenino.

Fátima Alemán

La tercera clase del curso breve Una mujer. El psicoanálisis con Lo femenino, dictada por mí y con comentarios de Enrique Acuña, Daniela Ward e Inés García Urcola, tuvo como ejes temáticos, por un lado, el abordaje del goce místico tomando el caso/testimonio de Marie de la Trinité (paciente de Lacan), y, por otro lado, el debate entre feminismo y transexualismo, tomando un testimonio actual de la psicoanalista española María Paz Rodríguez Diéguez.

Retomando la teoría lacaniana de los goces, expuesta por Enrique Acuña en la primera clase del curso a partir de la lectura de los seminarios 18, 19 y 20, es posible pensar al goce místico como una de las formas del goce femenino descripto por Lacan como goce Otro. Si el goce fálico es el goce medible que puede ser significado a partir del referente del “falo” (ejemplo: “tengo una propiedad” o “mi mujer/mi hombre”) y por ello mismo entrar en la dinámica simbólica-imaginaria del amor y del del deseo; el goce Otro es en cambio el goce infinito, no posible de medición, del cual -como dice Lacan en el Seminario 20 (“Dios y el goce La mujer”)- “no se sabe, pero se siente”, tal como los míticos lo testimonian.

Se trata entonces de un goce más allá del falo, experimentado en el cuerpo, pero por su condición de inefable requiere de la escritura como armazón simbólica. Los testimonios escritos de Angelus Silesius (EL Peregrino querubínico) Santa Teresa de Jesús (Camino de perfección o Castillo interior) o San Juan de la Cruz (Noche oscura del alma), tomados por Lacan en distintos momentos de su enseñanza, nos permiten entender qué es lo que está en juego como lo real del goce.

Por supuesto, queda una tercera modalidad de goce, llamada por Lacan goce del UNO, que implica la soledad del goce a partir de la iteración del S1, que se constata hacia el final de un análisis como testimonio de la singularidad del sujeto del inconsciente. Es el goce que pasa también por la función del escrito y que apunta al “un-dividualismo”.

Marie de la Trinité, De la angustia a la paz. Testimonio de una religiosa, paciente de Jacques Lacan (NED ediciones, 2018) con posfacio de Eric Berenguer, es el texto comentado para abordar la experiencia mística de una religiosa que se entrega a una experiencia analítica dirigida por el deseo de Jacques Lacan durante casi tres años (de 1950 a 1953). El libro reúne una carta escrita por Lacan a la paciente al comienzo del análisis y entregada por él en persona, con el propósito de convencerla de retomar el tratamiento: su propósito es “no dejarla sola en el desamparo” y poder resolver juntos “la dificultad moral” en la que se encuentra. Lacan, como dice Berenguer, no cuestiona su vocación religiosa pero sí su vínculo de obediencia para con Dios, nombrado por Marie como “su enfermedad”. Por otro lado, encontramos el texto completo escrito por Marie de la Trinité a pedido del propio Lacan sobre la “cura de sueño” a la que se somete en marzo de 1953 en el Hospital de Bonneval, titulado “De la angustia a la paz”.

Esta decisión de Marie que coincide con la interrupción del análisis es desaconsejada por Lacan por considerarla un acting-out, pero puede ser interpretada après coup como una experiencia límite con la muerte de la “falsa religiosa” para encontrar una solución que la salva: su “reeducación” o restauración. La apuesta de Lacan será retomar la función del escrito como un modo acotar el goce infinito al que se somete en la relación con el Dios-Otro que la elige como amada (“fui sumergida en Dios, él mismo me tomó en Él y Él se me reveló”) pero al mismo tiempo le exige una entrega absoluta plasmada en obsesiones y en una anorexia prolongada (el superyó materno será el trasfondo de un sacrificio extremo).

Por otro lado, el libro también cuenta con el relato de su “primera gracia”, es decir, su experiencia mística ocurrida en 1929 que atestigua sobre su vocación religiosa y sella el ingreso al noviciado de las dominicas de campo.

El nombre original de Marie, Paule Mulatier, es también parte de su sinthome: la menor de siete hermanas, que esperaban como varón (Paul) la conduce a una elección de género muy particular: ella quiere ser el “sacerdote” de Dios para demostrar que es “más mujer que las mujeres y más hombre que los hombres”. ¿Una mística trans? La solución de la feminidad no es en Marie la maternidad ni el rechazo de la feminidad: es ser la amada de Dios en “el abrazo amoroso” de una obediencia absoluta y sin fallas. Por ello, su enfermedad (el conflicto moral) será también el testimonio dirigido al mundo psi (psiquiatras, psicoanalistas) pero sólo el deseo de Lacan logrará encauzar la soledad de su goce Otro por las vías de la escritura.

El otro escrito que sirve como contrapunto para pensar la diferencia entro lo femenino y la feminidad, así como el valor del prefijo “trans” como “tránsito” de la sexuación, es el de otra Marie, María Paz Rodríguez Diéguez y su foco puesto en el debate actual entre el feminismo y el transactivismo (publicado en Lacan Cotidiano n°911 – 28/1/21). Recordando su paso como analizante, María Paz testimonia de la reconciliación con su madre, y más allá del estrago, otorga un valor al cuerpo-hembra por fuera del rechazo. El feminismo como activismo político, le permite vivir su sexualidad sin prejuicios y le muestra el valor de pelear por los derechos de las mujeres siempre amenazados por la heteronormatividad.

Pensando en el dispositivo analítico como dispositivo feminista, María Paz cuestiona el movimiento “transactivista” como embestida contra el feminismo, en el contexto europeo, y sobre todo español, cuyo trasfondo es el debate por la promulgación de una la ley de género.

Según la autora, los derechos defendidos hoy por el feminismo son puestos en cuestión por el dogma de “las mujeres trans que no tienen vulva” y que bajo la “policía del lenguaje inclusivo” acusan de transfobia a las mujeres feministas. El caso de Beatriz Paul Preciado es un ejemplo de lo que la autora considera el dogma trans: el “monstruo antisistema” de Preciado que cuestiona a los psicoanalistas lacanianos en las Jornadas de la Escuela de la Causa en 2019, es el mismo que “se vende a Gucci para financiar su Apartamento en Urano”…

¿Una postura extrema? Tal vez, como defensores del psicoanálisis, no debamos caer tan rápidamente en un debate a favor o en contra del feminismo o del transactivismo. Si pensamos que lo trans es ante todo un prefijo que sirve para nombrar la X de la sexuación, no se trata de patologizar el género (transexualismo) sino de pensar, como dice J.-A. Miller en su último texto titulado Huracán sobre el “gender” (Lacan cotidiano n°925 – 24/3/21) que la “teoría del género” propulsada por Judith Butler & cia. no es un complot, sino que está en sintonía con el malestar en la cultura conceptualizado por Freud y retomado por Lacan, pero siempre y cuando no olvidemos que “surge de un bricolage teórico en equilibrio inestable donde el paralogismo disputa con el ensueño”.

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