Dos veces, una oportunidad. (por Verónica Ortiz)

Dos veces, una oportunidad

Por Verónica Ortiz

“No ceder al atractivo falsamente explícito de los modelos cuantitativos, sino considerar que es siempre cuestión de un sujeto, de su inconsciente y de lo que para él las palabras quieren decir.”

Eric Laurent. Citado por Germán García en La actualidad del trauma[i].

La clase del Seminario «Trauma y Sexuaciòn» que propuso este año Enrique Acuña (16/6/21) se enmarcó en la disciplina del comentario del último párrafo del texto freudiano “Análisis terminable e interminable”[ii]. Tomó dos ejes simultáneamente: por un lado, el consentimiento, por parte del sujeto, a la entrada y a la salida del análisis y, por otro, la roca viva de la castración como trauma.

I

“A la ocasión la pintan calva”decía Lacan, diferenciando Cronos– tiempo regulable, medible, calculable y universal- de Kairós, esa diosa griega del tiempo subjetivo, sincopado, de apertura del inconsciente, de corrimiento del telón que cubría hasta ese instante la otra escena freudiana. Freud también toma en consideración este punto: “[…] el león salta una vez sola.”[iii]

Si lo seguimos en “Análisis terminable e interminable”, y permanecemos atentos también a la enseñanza de Enrique Acuña en este seminario[iv], la oportunidad se ofrecería, al menos dos veces: en la entrada y en la salida del juego de ajedrez, en la entrada y en el fin del análisis. Por supuesto, esto es esquemático. Hay oportunidades en cada sesión: cada emergencia del sujeto del inconsciente (chiste, lapsus, equívoco, sueño), cada interpretación del analista, -la que vía su deseo, se pone en cruz con la interpretación del inconsciente, introduciendo algo nuevo que no sea la mera repetición dolorosa-, cada nueva cara del síntoma- envoltura formal del mismo sufrimiento-, cada identificación que cae, etc. son oportunidades. Habrá que ver, vez por vez, si se atrapa a Kairós o no.

Pero para Freud habría cierta lógica- si tomamos su analogía con el ajedrez- en lo que se pone en juego en un análisis: la relación de un sujeto con su lengua, su lalengua, material opaco, desconocido. Se trata- desde la entrada hasta la salida- siempre, de la relación entre el lenguaje y el goce, es decir, entre el lenguaje y la satisfacción pulsional. De la manera en que una biología humana ha sido atrapada por el lenguaje, del cual ya no podrá salir. Del modo en que alguien adviene al mundo como ser hablante. También- de darse el encuentro con un analista- de cómo adviene el sujeto del inconsciente en la apertura del juego y de qué resta cuando el análisis concluye, fin de partida.

En “Sobre el inicio del tratamiento”[v], de 1913, Freud observa que en el ajedrez solo las aperturas y los finales consienten una exposición sistemática. En un análisis sucedería lo mismo. Pero en 1937, se topaba con cierta curva asintótica de los fines de análisis, con un obstáculo inamovible, con aquello que llamó, casi un oxímoron, la “roca viva de la castración”. Una analogía de roca/viva que acudió a mi cabeza: un volcán… La montaña está en reposo, aparentemente muerta, pero algo vivo (aunque suponga una destrucción) puede irrumpir en cualquier momento.

Siguiendo la comparación, además, eso vivo que mata puede también vivificar, en una potencial fertilidad posterior a la erupción. ¿Pero cómo sería posible que el ombligo del sueño, los vástagos irresueltos de la cura del Hombre de los Lobos, la resistencia del Ello, la severidad del superyó, el trauma, la reacción terapéutica negativa, en fin, la pulsión de muerte, arrojaran, después de todo, un resto de potencial vida? Tratamos, en rigor, con lo imposible. Pero un imposible que es pasible de ser aislado como tal en el límite mismo de un análisis, lo que habilita, en el mismo momento en que se constata la imposibilidad, la salida de la impotencia. ¿Hacia dónde? Hacia un potencial deseo.

En “Análisis terminable e interminable” Freud examina uno por uno los obstáculos concluyendo que “la intensidad constitucional de las pulsiones y la alteración perjudicial del yo, adquirida en la lucha defensiva […] son los factores desfavorables para el efecto del análisis y capaces de prolongar su duración hasta lo inconcluible.” Hasta la roca viva, podríamos decir. Afirma que una roca tal está ligada a “la diferencia entre los sexos”: para la mujer, la envidia del pene, el “insaciable deseo de pene”, para el hombre la desautorización de la feminidad, protesta masculina, angustia de castración. Es decir, la roca es el complejo de castración, edificado, para él, sobre lo biológico: “En efecto, la desautorización de la feminidad no puede ser más que un hecho biológico, una pieza de aquel gran enigma de la sexualidad.” Podemos recordar aquí que esto es así, para ambos sexos, hombres y mujeres.

II

Volvamos a nuestra doble oportunidad. Acuña decía “Soy lo que soy se duplica a la salida”, es decir, se juega en la entrada y en la salida de un análisis. ¿Se trata acaso de un fortalecimiento del yo? Nada más lejos de eso. Se trata, más bien, del eso, eso que soy.

Lacan hablará, a la altura del Seminario 11, de causa y causación y del Seminario 20, de sexo y sexuación. En ambos momentos, también en la apertura y cierre del juego de ajedrez analítico, se pondrá en juego una elección frente al mismo acontecimiento, definido como la irrupción de un real sexual. Hay una biología. ¿Pero es ese el destino? ¿O el destino se jugará como resultado de un consentimiento, o no, a la causa? Hay un sexo. ¿Pero está éste dado de antemano? ¿O la posición sexuada será el resultado de una largo devenir, un largo tránsito por lo trans, tal como lo venimos conceptualizando en este seminario, un prefijo para intentar nombrar eso que no se nombra, lo fuera de sexo, y  que presupone una espera?

Para que un análisis comience debe haber un consentimiento. ¿A qué? Al enigma. A que el sueño es portador de un mensaje, que el lapsus no es una mera equivocación, que el acto fallido es en realidad logrado. Y, más difícil de aceptar, que el sufrimiento del síntoma conlleva una satisfacción. Apertura del inconsciente, tiempo Kairós, instalación de un sujeto supuesto al saber, implican que alguien acepte sorprenderse por la emergencia de un sujeto barrado, es decir, afectado por la pasión de la ignorancia.

Alguien que suponga otra cosa que un sentido coagulado por el significado, que más allá o más acá del significado, sea sensible a los ecos, las resonancias de los significantes, esos que amarraron un goce particular, una satisfacción solo para él, una satisfacción desconocida pero siniestra, es decir, un sufrimiento que implica que es el partenaire de baile con algo familiarmente extraño.

III

Causa: será necesaria una causación significante para buscar el objeto causa. Es decir, la causación implica el lenguaje, la palabra, el significante. La causa está, por el contrario, hecha de otra cosa. Refractaria al ruido significante, está más bien hecha de silencio. Es el agujero alrededor del cual el lenguaje talla das Ding, la Cosa freudiana.

En el sexto capítulo de su curso “Causa y consentimiento”[vi], J- A. Miller afirma que el psicoanálisis es y fue una búsqueda de la causa. No se practica la interpretación por la interpretación sino con miras a la causa. Ante todo, la causa del mal, de qué sufre quien consulta, una etiología. Puede pasar que alguien diga que no sabe por qué le pasa lo que le pasa, y ese es el acceso para constituir el sujeto supuesto saber, como el horizonte de todo lo que va a decirse. En el momento mismo que emerge, toma el lugar de la causa escondida. Y cabe esperar de un análisis que donde estaba el SsS se revele el referente latente del objeto, el objeto a. El escándalo freudiano, con su invención del PA, fue desde el comienzo decir que la causa es sexual. Y que es traumática.

Causación: es un término que subsume alienación y separación, que inscribe la causa como proceso y a través de una doble operación. Se trata, entonces, de la causación del sujeto del sujeto del inconsciente, único que interesa a la experiencia analítica. “La sola discontinuidad entre el significante y el significado, una vez fijada en el término sujeto, introduce la inevitabilidad de que algo sea imposible de subjetivar.” ¿Qué cosa? Un término no significante, un particular no integrable en un universal, un modo de satisfacción, que no vale para todos. En la causación del sujeto algo restará, innominado e innominable: la causa.

Entonces, “primera oportunidad”: consentimiento a saber sobre la causa en la entrada en análisis. Alguien dice voy a hablar de eso porque tiene un sentido, debe querer decir algo, algo que aún no sé.

Sexo y sexuación:Una aproximación útil es la de Enrique Acuña, en su segunda clase del curso “Se(x)uaciones- Mujeres y hombres con lo femenino”[vii], de febrero de este año, reseñada por I. García Urcola . Leemos allí: “Este neologismo que inventa Lacan sobre la sexualidad, la sexuación, colocando el sufijo ción implica hablar de la acción de un verbo y del efecto de dicha acción. Las fórmulas de la sexuación son el efecto de un movimiento inherente a la sexualidad humana, y que permite al sujeto hablante ubicarse en alguno de los dos lugares de las fórmulas: del lado hombre o del lado mujer.”

En el curso anteriormente mencionado Miller considera que toda la clínica freudiana se ordena por entero en torno de algo que no existe, de un vacío que encarna del lado mujer; gira alrededor de este trauma sexual esencial, se basa en que está el signo y no hay objeto que le corresponda.

El trauma: En su curso Actualidad del trauma– G. García señalaba que el grano de arena situado por Freud en el centro de la perla psiconeurótica era ya un elemento irreductible y estaba ligado a la hipótesis de que los análisis no terminan: hay algo que no puede reducirse. Se preguntaba también por qué una persona responde al peligro pulsional fragmentando su yo y otra responde creando una hipermoral. Explicaba que era allí donde Freud colocó las protofantasías: de seducción, que responde a la pregunta ¿por qué alguien desea?; de escena primaria, que responde a la pregunta por el origen;y de castración ¿por qué hay diferencia sexual? Pero las protofantasías no explican el porqué de las respuestas subjetivas. Freud hablaba de “disposición por fijación de la libido”, de “constitución sexual”.

García dice que Freud ubicaba la disposición en un lugar similar al de la incógnita de una ecuación, es decir, de un enigma a resolver, de una x a despejar. Lacan se preguntaba esto mismo en el Seminario 11, clase 6: “Ya que, después de todo, ¿por qué la escena primitiva es tan traumática? ¿Por qué se da siempre; o demasiado pronto o demasiado tarde? ¿Por qué recibe allí el sujeto o demasiado placer -al menos es así que hemos concebido primero la causalidad traumatizante del obsesivo- o demasiado poco, como en la histérica?” Hay aquí el margen de una libertad: la de la sorprendente “elección de la neurosis”.

Colette Soler desarrolla este tema en Finales de análisis[viii]. “La elección de la neurosis: es una expresión de Freud. La ambigüedad del de  [o sea, quién elige a quién] nos permite hacer sobresignificar esta expresión, y nos preserva en particular de rebajarla a cualquier sentido de libre arbitrio que no tendría nada que hacer aquí. Hay que decir también que la noción de elección forzada, que Lacan ha propuesto, destaca y aclara lateralmente la expresión freudiana. La “elección forzada”, lo que Lacan describió como la alienación del hablanteser, depende del ser de lenguaje del sujeto, y esa elección forzada no evoca ninguna connotación de libre albedrío. Por el contrario, evoca más bien la idea de obligación. La traducción clínica de la elección forzada es simple: siempre hay una pérdida a la vez que una alternativa. Que pueda hablarse de elección de la neurosis implica que hay una opción y que por ello, incluso en lo que se llamó la neurosis de destino [a la que hizo referencia justamente E.Acuña en la clase anterior], no hay, hablando con propiedad, destino. Esta expresión freudiana de elección de la neurosis me parece anticipar una expresión de Lacan, la de posición del sujeto de la cual, nos dice, uno es siempre responsable.”

Volviendo al curso de Germán García acerca del trauma, y en relación a la práctica del análisis, “el problema, si estamos situados en el lenguaje, es con qué anzuelo pescar eso que, si bien está relacionado con lo simbólico, lo está en términos de exclusión. Lacan dice que lo único que puede suplir esa energética es lo que llama real, y es ahí donde coloca el trauma, en ese lugar. ‘El analizante dice lo que cree verdadero, pero lo verdadero él lo ignora, imagina que lo verdadero es el núcleo traumático, pero eso no existe.’ Efectivamente, subraya Lacan, lo que hace real el trauma es lalengua a la que cada uno se aferra.” El trauma no es un hecho sucedido, sino un real articulado en un lenguaje. Solamente puede cambiar si se fuerza ese lenguaje de manera tal que su sentido imaginario cambie.

Entonces, la “segunda” oportunidad en el análisis implica un consentimiento en el atravesamiento del fantasma a vérselas con la roca viva de la castración, el horror, el modo en que se está atrapado en un goce. Consentimiento implica no ceder a la tentación de interrupción del análisis llegado ese punto. Tolerar saber algo acerca del modo en que se está atrapado. Esto implica que, si bien Lacan escribe en el discurso analítico una doble barra- es decir, una imposibilidad- entre saber y goce, algo se sabrá acerca de los llamados significantes amos, sentidos coagulados que obturan el agujero del existir, conllevando, a la vez, una satisfacción en el displacer.

IV

El empuje al trauma en la época pandémica: todos traumatizados por el COVID 19. ¿Qué pasa con aquellas prácticas terapéuticas no analíticas: neurología, psiquiatría, psicología conductual, cognitivismos, etc.? Pasa que la roca de la castración es desconocida como tal. La ciencia ha forcluido al sujeto del inconsciente y trata con individuos. El trauma queda pegado al hecho. Entre causa y efecto no hay hiato. La búsqueda de causas en el sustrato neuronal aporta criterios biomédicos reduccionistas para explicar la conducta humana. Los humanismos buscan una explicación por el lado del sentido, suponiendo síntomas pandémicos iguales para todos. La OMS, por ejemplo, en su página sobre COVID 19, recomienda “cuidar nuestra salud mental” siguiendo una serie de tips conductuales: “Tenga una rutina, minimice noticias y tiempo de pantalla, haga ejercicio físico a diario, contacte con sus seres queridos a través de la tecnología.”

Para finalizar, siguió una breve exposición tomada de El DSM en cuestión[ix], tesis de doctorado en medicina escrita por la psicoanalista Elena Levy Yeyati, una investigación acerca de la categoría (TEPT) trastorno por estrés post traumático, que fuera establecida en el DSM-III y que continúa vigente en el DSM-5, realizando -como lo indica el título- una crítica a dicha noción.

Estudiando el surgimiento del TEPT en el manual DSM-III (3) en 1980, Levy Yeyati sostiene que ahí fue cuando se produjo el rechazo del concepto freudiano de neurosis por parte de la aproximación descriptiva, a-teórica y sindrómica del DSM-III. La categoría de neurosis fue omitida entonces, aunque quedó comprendida entre los trastornos afectivos, ansiosos, somatiformes, disociativos y psicosexuales. Y en ese contexto surgió, además, el TEPT, agrupado entre los trastornos ansiosos. La autora explica que la causalidad es concebida en el plano de lo fáctico, directamente derivada de lo empírico y estudia – entre otras consideraciones- cuestiones tales como la supuesta adecuación de la respuesta a la situación considerada traumática (“normal” o no) y la controversia “interior-exterior”.

Es así que, aun en pandemia, o especialmente en pandemia, la roca de la castración, lo vivo en moebius con la muerte, lo desconocido extrañamente familiar, solo revelará algún secreto a quien decida emprender un análisis.


[i] García, G.: La actualidad del trauma, Grama, Bs. As., 2005.

[ii] Freud, S.: Obras Completas, Tomo XXIII,  “Análisis terminable e interminable”, Amorrortu, Bs. As., 1980.

[iii] Íbidem i

[iv] Acuña, E: “Trauma y sexuación- psicoanálisis, angustia y deseo”- Seminario -clase On line, 2021.

[v] Freud, S.: Obras Completas, Tomo XII, “Sobre la iniciación del tratamiento”, Amorrortu, Bs. As., 1980.

[vi] Miller, J-A.: Causa y consentimiento, Paidós, Bs.As., 2019.

[vii] https://seminarioenriqueacuna.wordpress.com/2021/02/22/espacio-del-abrazarse/

[viii] Soler, C.: Finales de análisis, “La elección de la neurosis”, Manantial, Bs. As., 1988.

[ix] [ix] Levy Yeyati, Elena: El DSM en cuestión-Una crítica a la categoría de estrés postraumático-, Polemos, Buenos Aires, 2014. Reseña de Verónica Ortiz en: http://analyticadelsur.com.ar/el-trauma-la-cosa-la-causa/

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